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‘Doctor Foster’ segunda temporada: las consecuencias de la destrucción

[ UK | 2015- | BBC | 2T, 5 capítulos de 55 min | NOTA: 7,5 ]

Parecía que la cerilla de ‘Doctor Foster’ se había consumido por completo, pero no, aún quedaba un último fogonazo para terminar definitivamente con nuestros nervios. Una temporada que cambia el foco narrativo final para explorar las repercusiones que tiene la relación destructiva y demente de Gemma y Simon sobre la vida de su hijo. Un enfoque que ha conseguido justificar una temporada que, inventivamente, ha brillado poco en sus partes más simétricas a su primera entrega.

Volver a cruzar los caminos de Gemma y Simon está demasiado forzado. Esa vuelta a la lucha descarnada de dos desequilibrados que sólo piensan en sí mismos es demasiado irreal. Pero se le acepa, porque es necesario situarlos en el mismo escenario para seguir construir una nueva historia. Una historia que vale la pena, que debía ser contada y que justifica que tengan que forzar la narración para dar el pistoletazo de salida a la trama.

En la primera temporada vimos las repercusiones psicológicas de una infidelidad encubierta. Ahora ha tocado el turno de ver las repercusiones que esta relación cancerígena ha tenido en el hijo de la pareja, un chaval que acaba convirtiéndose en un peón más en una lucha en la que la razón ya no tenía cabida. Un joven que quedará marcado de por vida por esta etapa de inestabilidad, rechazo e indiferencia. Dos padres que marcan la vida de su hijo como sus padres marcaron las suyas.

Dos temporadas que reflejan dos realidades que, por desgracia, están muy presentes en la sociedad. La segunda incluso más dramática que la primera. La vida de los hijos es sagrada. Esta trama es el que la hace que la segunda temporada de ‘Doctor Foster’ sea tan cruda y sobrecogedora como la primera. Pero la lucha entre Gemma y Simon acaba perdiendo fuelle después de todo lo que vimos y sufrimos en la primera temporada. Menos fuerza pero necesaria, sin duda, porque si no podría haber evolucionado la historia de Tom.

Una temporada de desequilibrios personales en el que sólo un personaje consigue salirse de este juego suicida y decir las cosas tal como son. Ella es Anna Baker, la vecina cuyo marido le fue infiel con Gemma. Uno de los personajes más dañados por las consecuencias de la tortuosa historia entre Gemma y Simon pero que pese a eso tiene la entereza y la frialdad como para dejar el sentimiento a un lado y decir las cosas claras a cualquiera que pase por delante, ya sea Gemma o el pobre James (otro peón en este juego). Pese a sus pocas escenas en toda la temporada, Anna Baker se proclama como uno de los mejores secundarios.

La primera temporada de ‘Doctor Foster’ fue potente en su conjunto, la segunda ha sido brillante por momentos. Dos formas de conquistar diferentes pero igualmente válidas. La audiencia de esta segunda entrega no ha bajado prácticamente respecto a la primera, sigue siendo todo un éxito en la BBC, lo que permite teorizar con una casi obligada renovación. Pero por ahora no se sabe nada y el final vuelve a ser lo bastante sólido como para que sea una despedida final. Si regresa ahí estaremos para seguir las locuras de Gemma Foster. Si no en nuestras mentes queda dar el destino que queramos a Tom y esta pareja destructiva.

Sobre Alfredo L. Zamora

Periodista madrileño devorador de series de televisión. Creador del blog @cienmegas. Las ficciones británicas son mi debilidad. Cada temporada lucho con los zombis con mis reviews semanales de ‘The Walking Dead’.

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